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lunes, 23 de julio de 2012

Posesión del balón vs Posesión del espacio


Cuando atendemos a la construcción de un modelo de juego para nuestro equipo, los entrenadores tratamos de encontrar una organización colectiva para cada momento en el que te encuentres durante un partido (momento ofensivo, defensivo o en momentos de transiciones). Algo similar sucede al estructurar los entrenamientos, buscando, eso sí, ejercicios en los que se practiquen todos los momentos del juego en una misma tarea.

Aunque los entrenadores acostumbran ahora a decir que todos los momentos del juego están relacionados, algunos parecen no entender el objetivo del juego: marcar más goles que el rival. La prensa deportiva, los ‘moralistas’ del juego y algunos entrenadores con mensajes interesados o jugadores de golf que hablan desde el sillón han generado el debate del “juego” en torno a su belleza, a su plasticidad, al tiempo que cada equipo tiene el balón o según lo divertido que es observar a unos y a otros.
El fútbol ha sido invadido por debates sobre los principios, los valores, la humildad o las actuaciones de cara a la galería y se ha dejado de lado, cómo si no fuera lo único importante, la eficiencia. En el caso del entrenador, esta eficiencia se ve reflejada con trabajo de calidad y resultados, no según diga una cosa en rueda de prensa o celebre el gol en silencio y no dando gritos de alegría. Es más, ya decía Maquiavelo que “la Diosa Fortuna sonreirá en preferencia a aquellos que obren con resolución y energía para cumplir sus planes en lugar de a aquellos que se enorgullecen de su prudencia (…) la fortuna siente debilidad por los audaces”.
Entre las características del entrenador audaz estará “contemplar lo que se dibuja en la distancia (…) observar de antemano los lugares que sobrevolará y prepararse para los acontecimientos que allí le aguardan”. El líder eficaz “cuando el sol brilla, piensa en los días de tormenta y se prepara para su llegada sin caer en la indolencia”. Por tanto, no puede ser “un simple pajarillo que sólo tiene ojos para lo que sucede ante él”. La metáfora del águila y el pajarillo es muy común en el fútbol en cuanto a que algunos no pueden ver más allá de la posición del balón sin tener en cuenta que si no dominas el espacio no dominarás el objetivo del juego: marcar más goles que el rival. Por eso, es tan importante dominar la defensa cuando atacas y el ataque cuando defiendes y más en un fútbol con muchos argumentos tácticos que reducen la posibilidad del gol casi siempre al error del adversario o al momento de transición donde el rival está más desorganizado. Y para estar en disposición de esas oportunidades, no se necesita tanto el balón como una organización óptima para aprovechar el segundo en el que lo tienes; es en ese momento en el que has de tener una disposición colectiva que pueda aprovechar sus recursos y llegar al gol.

Por eso, en tiempos en los que todos hablan de que “no hay ataque sin defensa y viceversa” hay entrenadores que, muchas veces embobados por el juego del Barcelona –uno de los equipos que más tiene el balón pero también que mejor domina el espacio– parecen no entender el significado de la frase que tanto usan y su utilización de la posesión es más bien un recurso para que el rival tenga más facilidades en el momento de la recuperación. El movimiento del balón nunca es intrascendente…¡puede ser trascendental para que pierdas tú el partido! Si el equipo, en organización ofensiva, lleva el balón de un lado a otro, sin conseguir desordenar al rival por la horizontalidad de los pases y, además, fruto de la frustración que conlleva no progresar teniendo tanto el balón se buscan soluciones más “improvisadas” con movimientos, desmarques o conducciones individuales a las que el equipo no tiene respuestas para corregir, cuando el adversario recupere el esférico tendrá tiempo y espacio para correr en ventaja y finalizar rápido aprovechando el desorden del que siempre tenía el balón.
Llegados a este punto, algunos no habrán entendido el artículo y pensarán que veo el balón como el fuego o un enemigo peligroso. Y no es así. El balón no es el fin, pero sí es muchas veces una herramienta para dominar el espacio cuando lo sabes utilizar y lo aprovechas para obligar al rival a recular, a perseguir sombras, a llevarlos a posiciones antinaturales para los defensores, cuando acumulas jugadores en torno a esa posesión, facilitando la recuperación inmediata tras perderla. También si colectivamente generas ventajas para que tu jugador más desequilibrante consiga situaciones de uno contra uno y no de uno contra cuatro, por ejemplo. Pero como tal, el balón no es un fin. Y su posesión, al igual que su no posesión, no te garantizan absolutamente ningún tipo de eficacia en el fútbol.

La eficacia viene de la organización colectiva con y sin balón de modo que tu equipo domine unos comportamientos trabajados durante los entrenamientos tanto en el momento en el que no tienen el balón como en el momento en que lo recuperan y lo juegan. Esa organización será diferente en cada equipo, igual que cada equipo le dará un uso distinto al balón y marcará la línea de presión en una zona u otra. Esas elecciones le corresponderán al entrenador según los jugadores que tenga –¿os imagináis a Samuel y Lucio corriendo hacia atrás cincuenta metros tras fracasar el Inter en una presión alta contra el Barcelona? ¿Se imaginan al Barcelona dando el balón al rival para recuperarlo posicionalmente en el centro del campo con jugadores como Thiago, Xavi e Iniesta?–. La posesión del balón puede ser un veneno letal si no dominas los espacios: si la alta posesión contra defensas cerradas te obliga a adelantar las líneas sin progresar y a hacer que no estés preparado para reaccionar en el momento en el que la pierdes con tu guarida desprotegida; igual que será veneno para el adversario que no sepa cerrar sus espacios cuando no tiene balón; e igual que tendrá el antídoto aquel que en el momento ofensivo tenga unas herramientas y unos comportamientos adquiridos para generar espacios y hacer daño al rival y que esté preparado, también gracias a su organización colectiva, para hacer una presión intensiva, cerrar los espacios del rival y recuperar rápido con el otro equipo saliendo, y por tanto, desorganizado.

No hay un fútbol, hay muchos. Todos persiguen lo mismo: ganar. Todos mediante un objetivo: el dominio de los espacios –con o sin balón. La eficacia está en el resultado; los debates en la prensa.

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